Basado en el mito de Toro Bravo y Nube Azul. Versión en línea disponible en: http://historias-comunes.blogspot.com.co/2013/09/la-leyenda-de-toro-bravo-y-nube-azul.html
Luego de la enseñanza recibida por el anciano, la joven pareja se distanció. En un principio, ambos trataron de seguir con sus vidas como si nunca hubiesen ido a parar donde el viejo. Toro Bravo se dedicó a la cacería, mientras que Nube Azul se destacó como una de las mejores hilanderas de la aldea. Los jóvenes ignoraban el porqué de su distanciamiento. Lo que les dijo el anciano resonaba en sus pensamientos, ¿en verdad no podrían volar atados sin hacerse daño? ¿Habían entendido mal el mensaje?
Después de meses viviendo en la cotidianidad, ambos decidieron ponerle fin a su distanciamiento y, malinterpretando lo que les dijo el anciano, decidieron volar atados. Desde ese día, Toro Bravo se volvió participe de la vida de su amada y ella de la de él. En la cacería estaban atados, en las hilanderas estaban atados, en todo momento lo estaban.
El tiempo siguió pasando sin esperar a nadie, las hojas cayeron para luego volverse a alzar y la joven pareja destrozada por dentro estaba. Seguían atados día a día, las caricias, los besos y los abrazos se terminaron sin una razón de ser. El tiempo que permanecían unidos era suficiente para lastimarse el uno al otro. Toro Bravo se volvió pésimo en la cacería porque su antigua amada no dejaba de estar ahí y Nube Azul se ponía nerviosa cada vez que alguien miraba su tejido. Se estaban haciendo daño. En un horizonte caluroso, mientras caminaban, se encontraron con el águila y el halcón que les había enseñado el anciano hace ya tanto. El águila estaba lastimada, pero con vida, mientras que el cadáver del halcón yacía en el suelo. Entonces, Toro Bravo y Nube Azul comprendieron la respuesta, si no querían seguir volando atados, uno de los dos tendría que morir.
Después de meses viviendo en la cotidianidad, ambos decidieron ponerle fin a su distanciamiento y, malinterpretando lo que les dijo el anciano, decidieron volar atados. Desde ese día, Toro Bravo se volvió participe de la vida de su amada y ella de la de él. En la cacería estaban atados, en las hilanderas estaban atados, en todo momento lo estaban.
El tiempo siguió pasando sin esperar a nadie, las hojas cayeron para luego volverse a alzar y la joven pareja destrozada por dentro estaba. Seguían atados día a día, las caricias, los besos y los abrazos se terminaron sin una razón de ser. El tiempo que permanecían unidos era suficiente para lastimarse el uno al otro. Toro Bravo se volvió pésimo en la cacería porque su antigua amada no dejaba de estar ahí y Nube Azul se ponía nerviosa cada vez que alguien miraba su tejido. Se estaban haciendo daño. En un horizonte caluroso, mientras caminaban, se encontraron con el águila y el halcón que les había enseñado el anciano hace ya tanto. El águila estaba lastimada, pero con vida, mientras que el cadáver del halcón yacía en el suelo. Entonces, Toro Bravo y Nube Azul comprendieron la respuesta, si no querían seguir volando atados, uno de los dos tendría que morir.
Mateo Sanabria Rodríguez
